Archivo de la etiqueta: siempre

Che siempre entre nosotros

08feb.che ciudadanocubanoCuarenta y nueve años después puede que sea mucho tiempo, pero en la memoria histórica de los pueblos ese tiempo es apenas un día, una hora, un minuto, un segundo, un instante.

Es por eso que cuando los cubanos, un día como el 8 de octubre, recordamos la caída en combate del Che en Bolivia, lo hacemos como si él hubiese pasado de la vida a la posteridad sin transitar por la muerte, para quedarse siempre entre nosotros.

Es por eso que del Che nunca hablamos en pasado y nunca se le recuerda como a un ser que fue, sino que es, que vive, que nos alienta, que nos guía en cada combate que libramos, tanto en las ideas, como en cualquier otra actividad donde las manos y el corazón del hombre requieren de voluntad, patriotismo, fortaleza de espíritu, estoicismo.
Dicen que aquel 8 de octubre en la altiplanicie boliviana la temperatura era fría. Por la región de la Higuera, 18 combatientes de la guerrilla del Che se sabían perseguidos, pero la enfermedad de dos de ellos les impedía aligerar los pasos.

En la media mañana un soldado vestido de campesino les detecta e informa al mando militar. Inmediatamente se inicia el cerco del grupo.

Pronto los combatientes se encuentran en la unión de la Quebrada del Yuro con la de San Antonio y dos exploradores enviados por el Che descubren que los soldados les cerraban el paso e inmediatamente se dispone la defensa.

Cuando los hombres tratan de salir de allí burlando el cerco, el grupo choca de frente con una sección del ejército y se inicia el combate. Era ya pasada la 1 y 30 de la tarde, el primer guerrillero abatido fue el boliviano Aniceto Raynaga. Los 17 restantes combaten fieramente por varias horas.

El Che es herido en una pierna, su carabina inutilizada y su pistola quedó sin balas. En esas circunstancias, al tratar de evadirse del lugar junto al guerrillero Willy, fueron hechos prisioneros y trasladados a la escuelita de La Higuera junto a Pacho (Alberto Montes de Oca), gravemente herido y los cadáveres de Antonio (Orlando Pantoja), Arturo (René Martínez Tamayo) y Aniceto, éste último boliviano.

En la escuelita recibió maltratos físicos y vejámenes. A las 11 de la noche del 8 de octubre, el presidente boliviano general Barrientos, por mediación del embajador norteamericano, recibe la orden de Washington de eliminar al Che, por considerarlo un enemigo muy peligroso con vida.

A las once de la mañana del siguiente día, 9 de octubre, el agente CIA de origen cubano, Félix Ramos, recibe por radio la orden de asesinar al Che y así lo informa al general Centeno Anaya quien lo encarga de esa tarea, pero éste traslada a otros soldados esa misión, la que ejecutan parada la 1 y 30 de la tarde, luego de emborracharse, disparándole uno de ellos al pecho del Jefe Guerrillero.

Una leyenda suramericana cuenta que hace 500 años, cuando murió Atahualpa Yupanqui anocheció a la mitad del día. Dicen que aquel 9 de octubre de 1967, en La Higuera, anocheció también a la mitad del día y que la estrella que llevaba en su boina el hombre asesinado, ascendió al cielo, para iluminar eternamente la noche americana.

Camilo, te recordamos siempre alegre, siempre joven, eternamente vivo

Para los cubanos recordar a Camilo Cienfuegos no es un compromiso de fechas, sino un deber ineludible de todos los días, por lo que él significa para su pueblo.

Nació el 6 de febrero de 1932 y murió el 28 de octubre de 1959. Entre una y otra fecha mediaron 27 años, 8 meses y 22 días. Ese fue su tiempo de existencia. Fugaz, como las estrellas que se escapan del firmamento pero que dejan tras de sí, en el infinito, una estela luminosa difícil de olvidar.

Y así fue Camilo, así trascurrió su vida desde aquel 6 de febrero cuando la barriada de Lawton lo vio nacer, crecer y forjarse en ese difícil oficio de ser revolucionario, de graduarse en la lucha por la libertad de su patria y de alcanzar la categoría más alta para un hombre: Héroe.

Es por eso que hoy se habla de Camilo como alguien que todavía está entre nosotros, alguien a quien todavía llamamos el Señor de la Vanguardia, o el Comandante de la Sonrisa Eterna. Su muerte temprana no fue pretexto para encerrar su vida entre los mármoles de una tumba, o para presentirlo hundido en las profundidades del mar, o para ponerle flores ante una estatua de bronce. A los hombres como él jamás se les mata.

A Camilo debemos verlo cada día en los ojos inquietos y profundos de cada niño o de cada adolescente, en la energía y la alegría de cada joven, en la vehemencia de cada obrero, en la inteligencia de cada científico, en el valor de cada soldado o en el gesto solidario de cada uno de los internacionalistas, o en los sueños y esperanzas de cada hombre y mujer de este pueblo, que con pasión continua la obra revolucionaria que Camilo contribuyó a crear.

De haber estado vivo, hoy 6 de febrero, Camilo estaría cumpliendo 80 años de vida. Pero el que no esté entre nosotros físicamente, no es motivo para que dejemos de homenajearlo en tan significativa fecha, recordándolo como él fue, es y será para los cubanos: siempre alegre, siempre joven, eternamente vivo.