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Baraguá, la lección de Maceo perdura en su pueblo

f0081425El General Antonio Maceo es el arquetipo de la combatividad inquebrantable. Es también símbolo supremo de la disciplina. Al Titán de Bronce que encarnó como nadie el sentimiento y la personalidad del cubano no se le puede encontrar por mucho que se busque la más mínima vinculación con ninguno de los errores que debilitaron las filas insurrectas en el transcurso de la Guerra de los 10 años.

Pero fue sobre todo en la Protesta de Baraguá, cuando el General mulato, espejo y latido de las más modestas y mayoritarias capas sociales de su época, se hizo definitivamente hombre de todos los tiempos al agregar a sus ya legendarios méritos de soldado, la condición de representante lúcido y visionario del interés político y revolucionario del pueblo.

Comprendió Maceo que frente al ominoso Pacto del Zanjón era forzoso mantener viva en Oriente la insurrección si otra cosa no podía hacerse para salvarla después del traidor acuerdo firmado el 10 de febrero de 1978 entre Martínez Campos y los representantes de la disuelta Cámara del Gobierno Civil.

A Mangos de Baraguá llegó Martínez Campos con la convicción de que completaría lo poco que le faltaba para coronar su triunfante programa pacificador. Durante la entrevista el General Antonio como si estuviera en la posición de vencedor, le exigió a Campos dos cosas: la independencia de Cuba y la completa abolición de la esclavitud.

No hubo acuerdos. España no cedería ni un ápice en lo pactado en el Zanjón, ni aceptaba condiciones algunas por parte de los cubanos.

Martínez Campos trató de que Maceo leyera el documento firmado para la paz, pero el Titán de Bronce, conocedor ya del funesto Pacto le dijo: “Guarde usted ese documento”. El General español entre asombrado y airado le contestó: “Entonces, no nos entendemos”. A lo que el Titán de Bronce replicó: “¡No! ¡No nos entendemos!”

Con ese gesto el General Antonio no sólo salvó la Revolución sino que elevó al máximo la dignidad de los cubanos dándole a entender a España que si en el Zanjón hubo traidores que se doblegaron, en Baraguá sobraba el coraje para luchar muchos años más hasta lograr la independencia deseada.

139 años después la lección de Maceo perdura en su pueblo heroico y quien quiera pertenece a él con derecho moral debe ser capaz de levantarse junto a la memoria del Titán. Jamás un cubano verdadero será infiel al ejemplo de Baraguá.

Protesta de Baraguá: simbolo de intransigencia cubana

images“De lo más glorioso de nuestra historia”, calificó José Martí la Protesta de Baraguá. Llevada a cabo el 15 de marzo de 1878 por el General Antonio Maceo Grajales, quien virilmente expresó al General español Arsenio Martínez Campos, el desacuerdo de los mambises orientales con el Pacto del Zanjón, conveniado entre representantes de la República en Armas y España, sin que se le concediera a los cubanos la independencia de la isla y la abolición de la esclavitud, dos objetivos supremos por los cuales se había luchado durante 10 años.

Con ese valiente gesto el General Antonio elevaba su estatura hasta la más alta cumbre de la patria y sobre todo,

salvaba la Revolución Cubana de una vergonzosa y humillante muerte, que era lo que quería España con el Pacto del Zanjón, al cual se acogieron los débiles y los cansados, los oportunistas y equivocados sin convencerse de que a los colonialistas la verdadera paz y la independencia había que arrancársela con el filo del machete.

Fue el momento más grande de la entrevista cuando Maceo frente a Martínez Campos y los entorchados militares que le acompañaban, rechazó enérgicamente leer el documento contentivo de lo acordado en el Zanjón, provocando la ira del representante colonialista, quien preguntó al General cubano: “¿Volverán a romperse las hostilidades?”, y éste le contestó: “!Volverán a romperse las hostilidades!”. Ocho días después, el 23 de marzo de 1878, la guerra se reiniciaba.

Teniendo en cuenta que con el Pacto del Zanjón cesaba el gobierno y la República en Armas, ese 15 de marzo, allí mismo en Baraguá, se redactó una nueva Constitución con solo seis capítulos, que recogía la necesidad de los nuevos tiempos. Asimismo, se eligió un nuevo gobierno provisional con el Mayor General Manuel de Jesús Calvar, como Presidente, el Teniente Coronel Fernando Figueredo, como Secretario y dos vocales que fueron el Coronel Leonardo de Mármol y el Teniente Coronel Pablo Beola. Los cuatro eran hombres del 10 de Octubre.

Maceo que hasta ese momento era solo un jefe regional del Ejército Mambí, emergió en Baraguá como figura cimera de la Revolución y asumió la responsabilidad de continuarla, convirtiéndose así en portavoz del decoro de los cubanos y en símbolo de la valentía e intransigencia de nuestro pueblo frente al enemigo.

José Martí dijo: “Hay hombres, que llevan en si el decoro de muchos hombres. Esos son los que se revelan con fuerza terrible contra los que le roban a los pueblos su libertad, es robarle a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres. Va un pueblo entero, va la dignidad humana”. Antonio Maceo Grajales fue uno de esos hombres que con su protesta del 15 de marzo de 1878 en Mangos de Baraguá, legó a las pasadas, actuales y futuras generaciones la página más gloriosa de nuestra historia, que hoy recordamos 137 años después de ocurrida.