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El derrocamiento de Gerado Machado y la huelga general obrera de 1933

El 12 de agosto de 1933, hace 81 años, una huelga general obrera derrocaba al regimen dictatorial del general Gerardo Machado, uno de los más sangrientos en la historia cubana.

A su llegada al poder en mayo de 1925, Machado afirmó categóricamente que durante su mandato ninguna huelga general duraría en el país más de un cuarto de hora, afirmación que no pudo llevar a la práctica pues en marzo de 1930 un paro obrero de más de 24 horas hizo tambalear a su régimen de terror.

No obstante las medidas represivas establecidas en el país, los constantes asesinatos de líderes obreros y comunistas, entre ellos, Julio Antonio Mella y Alfredo López, así como la proscripción de las organizaciones obreras y políticas revolucionarias, el régimen machadista no pudo sostener el empuje de las luchas proletarias para conquistar el poder.

Organizada y dirigida por la Confederación Nacional Obrera se llevó a cabo la huelga de agosto de 1933, que el dia 12 decretó la huída del tirano Machado hacia el exterior y aunque no fue una victoria definitiva del proletariado cubano, al menos provocó una apertura democrática, que incluía la libre actividad sindical.

Artífice de esta huelga general revolucionaria fue el prestigioso comunista, Rubén Martínez Villena, quien se había hecho cargo del movimiento obrero cubano tras el asesinato de Alfredo López, que junto a él fundara la Confederación Nacional Obrera en 1926.

Martínez Villena había puesto al servicio del proletariado cubano toda su abnegación, talento, lucidez y coraje para consolidar las organizaciones obreras en sucesivas etapas de grandes convulsiones políticas y sociales en el país.

Después de una estancia en un sanatorio del Caucazo Soviético para tratar de recuperar su salud y sabiéndose ya incurable, Martínez Villena regresó a la patria para consagrar sus últimas energías a la huelga general obrera, que finalmente el 12 de agosto de 1933 derrocara a Machado.

Al cumplirse el aniversario 81 de esta acción, nuestros recuerdos no sólo son para ese hecho histórico,

sino también para el poeta de la pupila insomne, que con esa carga patriótica exhaló su último suspiro y dejara escrito para la posteridad la poesía revolucionaria.

La Huelga de Abril de 1958

La Huelga General Obrera convocada para el 9 de abril de 1958 por el Movimiento 26 de Julio, se inscribe en nuestra historia cubana
más reciente, como una página gloriosa del pueblo en la lucha por su libertad.

Ese día, en varias ciudades y pueblos importantes del país se hizo efectivo el paro obrero provocando la ira de la dictadura, que desató una ola represiva que costó la vida a decenas de revolucionarios a lo largo y ancho de la isla.

La Huelga Obrera no alcanzó el éxito esperado, demostrando que las condiciones objetivas y subjetivas no estaban creadas para ese fin, además de sacar a la luz algunas contradicciones entre la Dirección del Movimiento 26 de Julio, que si bien era única en la práctica, se comportaba como mandos separados en el llano y en la sierra.

Esos errores permitieron que la dictadura aprovechara las debilidades de la lucha en el llano, para reforzar sus tropas en la Sierra Maestra e iniciar la llamada ofensiva de verano, con el objetivo de acabar con el movimiento guerrillero, donde veía su mayor peligro.

Al reseñar este hecho, tenemos en cuenta que el fracaso de la Huelga del 9 de Abril condujo a una reunión de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio, que se efectuó el 3 de mayo de 1958 con la participación de sus más altos dirigentes encabezados por Fidel.

La reunión se desarrolló con un profundo espíritu crítico señalándose errores tales como: la subvaloración de la lucha guerrillera y la supervaloración del movimiento clandestino, la subestimación de las fuerzas de la tiranía, conceptos erróneos y sectarios en la relación con los demás sectores obreros, incluido el Partido Socialista Popular, además de las faltas de organización y descoordinación entre las partes, que dieron al traste con los propósitos de la huelga.

Como acuerdo de esta reunión decisiva para el curso de la Revolución, se procedió a la sustitución de varios integrantes de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio, se le recomendó a René Ramos Latour, Daniel, pasar a la lucha en la Sierra Maestra; y se instauró el mando único que sería ejercido por el Comandante en Jefe Fidel Castro y cuyo objetivo fundamental sería: lograr la unidad de todas las fuerzas revolucionarias en la lucha por derrocar a la tiranía.

Lo acertado de aquellas decisiones permitió al Ejército Rebelde y al Movimiento Clandestino pasar a la ofensiva e iniciar el camino final, que conduciría, inevitablemente, a la victoria del Primero de Enero de 1959.