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Dos Ríos Monumento Nacional

El 20 de mayo de MIL 979, hace hoy 35 años fue proclamado como Monumento Nacional, el Obelisco que marca el sitio exacto donde el 19 de mayo de 1895, en Boca de Dos Ríos, perdiera la vida en combate contra el ejército español, quien es hoy nuestro Héroe Nacional José Martí.

Según se cuenta, inmediatamente después de la caída del Apóstol y de que los españoles se llevaran su cadáver, la señora Emilia Sánchez, esposa del prefecto de Dos Ríos, Rosalio Pacheco, corrió hacia el sitio donde muriera Martí, echó sangre de él en una botella, que enterró bajo tierra en el lugar exacto.

El 10 de octubre de MIL 895, aún en plena guerra, llegó a Dos Ríos el General mambí Enrique Loynaz, encargado por el presidente Cisneros Betancourt, para determinar el lugar exacto de la muerte del prócer independentista, llevado al lugar por la familia Pacheco, se levantó un acta en el sitio, donde además se colocó una cruz de madera de Caguairán.

El 9 de julio de MIL 896 al regresar de la invasión de Occidente, el General en Jefe Máximo Gómez, pasó por el lugar y tomando varias piedras del río de Contramaestre las colocó alrededor de la cruz, lo que fue imitado por sus acompañantes, formando un cuadrilongo de Oriente a Occidente, quedando su frente de cara al sol.

Sin embargo, con el tiempo sólo quedó allí la desgastada cruz. No obstante por iniciativa del Ayuntamiento de Palma Soriano y con la recaudación de fondos de otros de la isla, se pretendió levantar allí, en Boca de Dos Ríos, un monumento de mármol italiano, lo que no se pudo por lo difícil del acceso por los caminos a ese lugar y los inconvenientes del río.

No fue hasta el 20 de Mayo de MIL 913 que se inauguró el Obelisco que perpetúa el lugar donde cayera en combate José Martí, que actualmente está fundido en concreto, tiene 16 metros cuadrados en su base y 10 metros de alto, mientras que en 1975 se le agregó entonces de jardinería, sembrándose rosales, palmeras y plantas de las que fueron nombradas por el Apóstol en su Diario de Campaña.

Hoy el sitio que inmortaliza el lugar donde muriera José Martí el 19 de mayo de MIL 895, a la edad de 42 años, es visitado anualmente por centenares de personas, que vienen a este lugar sublime de la Patria para rendir culto al Héroe caído por la libertad y la independencia de la Cuba libre, como lo soñó el Apóstol, que hoy es de todos y para el bien de todos.

A 118 años de la exhumación del cadáver de Martí en el nicho 134 de Santa Ifigenia

Un día como hoy 27 de mayo, pero de 1895 fue sepultado en el cementerio Santa Ifigenia, de Santiago de Cuba, el cadáver del Apóstol de la independencia de Cuba José Martí Pérez, muerto en un combate que tuvo lugar en Boca de Dos Ríos, Oriente, contra una columna española al mando del Coronel Ximénez de Sandoval.

A pesar de los esfuerzos realizados personalmente por el Generalísimo Máximo Gómez, el cadáver de Martí no pudo ser rescatado de manos españolas, y al siguiente día 20 de mayo, fue inhumado por primera vez en el Cementerio de Remanganagua, localidad próxima a Palma Soriano, en la tierra viva y casi desnudo, cubierto sólo con los pantalones.

Como ha de suponerse, la muerte de Martí causó júbilo en Madrid y los medios de prensa colonialistas publicaban titulares manifestando su complacencia por el hecho, ya que muerto el titulado Presidente cubano, que era el alma de la insurrección, le sería más fácil a las tropas colonialistas vencer a los mambises y desmoralizarlos.

Suponiendo que muchos en el exterior no creerían en la caída de Martí el General Salcedo, Jefe de la Plaza Militar de Santiago y de toda la provincia de Oriente, ordenó a Jiménez de Sandoval trasladar a esta ciudad el cadáver del Héroe embalsamado asegurando que aquí sería enterrado, “con el respeto que merece todo muerto”

De ahí que los restos del Apóstol fueran exhumados del cementerio de Remanganagua y trasladados desde esta localidad a Palma Soriano, donde fue expuesto públicamente varias horas en el Parque Central, y más tarde, fue llevado a San Luis desde donde partiría por la vía férrea hasta Santiago de Cuba bajo una fuerte custodia de tropas coloniales, llegando a la capital provincial en la noche del 26 de mayo.

Fue así como en la mañana del 27 de mayo de 1895 los restos de José Martí fueron inhumados por segunda vez en el nicho 134 de la Galería Sur en la necrópolis santiaguera, no sin que antes dos prestigiosos cubanos, Antonio Bravo Correoso y Joaquín Castillo Duany, a solicitud propia, fueran autorizados a verificar la identidad del cadáver de nuestro Apóstol corroborando que efectivamente era ese el que recibiría sepultura, mientras que un fotógrafo dejó constancia gráfica del cuerpo de Martí en el sencillo ataúd en que fue enterrado.

Al momento del entierro poco después de las ocho de la mañana el Coronel Jiménez de Sandoval preguntó en dos ocasiones si había entre los presentes algún amigo, pariente o conocido de Martí que quisiera despedir el duelo, y como no hubo respuesta positiva el propio militar español asumió la tarea señalando a los asistentes que no vieran en Martí el enemigo, sino el cadáver “del hombre que las luchas de la política colocaron ante los soldados españoles”

Los restos del Apóstol se mantuvieron en el nicho 134 del cementerio santiaguero hasta 1907 cuando fueron trasladados a un pequeño templete erigido en el mismo lugar, donde permanecieron hasta el 31 de junio de 1951 cuando fueron depositados en el actual Mausoleo, donde un pensamiento de su hermano de batallas, Máximo Gómez reza: “Duerme en paz compatriota y amigo querido, que yo digo de ti lo que la historia ha dicho del héroe griego: bajo el cielo azul de tu patria no hay una tumba más gloriosa que la tuya”. Así será por siempre.