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Ana Betancourt, una cubana que se adelantó a su época

ana_betancourSon muchas las mujeres cubanas que a lo largo de nuestra historia revolucionaria desde 1868 en que se inició el proceso independentista hasta nuestros días, han estado junto al hombre compartiendo las luchas por la libertad, incluso con las armas en las manos.

Y entre esas mujeres sobresale la insigne patriota camagüeyana Ana Betancourt, que fue la primera en alzar su voz en 1869 para pedir la emancipación de la mujer y que falleciera un día como hoy, 7 de febrero de 1901, en Madrid, España.

Ana Betancourt había nacido en diciembre de 1832 en la entonces ciudad de Puerto Príncipe, hoy Camagüey, casándose a los 22 años de edad con Ignacio Mora de la Pera, uno de los primeros camagüeyanos en incorporarse a la lucha independentista, iniciada el 10 de octubre de 1868, a quien la esposa seguiría a los campos insurrectos tiempo después.

En abril de 1869 se celebra en Guáimaro, poblado camagüeyano, la primera Asamblea Constituyente de la República de Cuba en Armas, a la que asiste con otros jóvenes de Las Villas, Camagüey y Oriente. Allí presencia los debates y al terminar la misma, se celebra un mitin donde alza su voz clara y vibrante para señalar: “La mujer cubana en el rincón oscuro y tranquilo del hogar esperaba paciente y resignada esta hora hermosa en la que una revolución nueva rompa su yugo y le desate las alas (…) ¡Llegó el momento delibertar a la mujer!”.

Y cuentan que admirado por las palabras de aquella heroina, Carlos Manuel de Céspedes, iniciador de la lucha y Presidente de la República en Armas, comentó cómo aquella mujer se había ganado un lugar en la historia porque adelantándose a su siglo, había pedido en Cuba la emancipación de la mujer.

Otro hecho que permite valorar la talla revolucionaria de Ana Betancourt, es cuando estando prisionera de los españoles en 1871 pidieron que le escribiera a su esposo Ignacio Mora para que se entregara a la jefatura militar colonialista, o por el contrario sería fusilada, a lo que ella respondió: “prefiero ser la viuda de un hombre de honor que la esposa de un hombre sin dignidad y mancillado”.

Ana Betancourt logró escapar del presidio y se escondió en La Habana donde fue apresada y desterrada de la isla. Viajó por varios países, sufrió privaciones y necesidades y conoció de la muerte de su amado esposo Ignacio, fusilado por los colonialistas.

Se asentó finalmente en Madrid residiendo en la casa de una hermana que convirtió en centro de conspiración y ayuda a la revolución martiana de 1895. En la capital española falleció un dia como hoy a la edad de 69 años, lejos de la patria intervenida entonces por los que ella había llamado: “perros yanquis que nos hacen todo el mal que pueden”.

Por gestiones de otra heroina cubana, Celia Sánchez Manduley, los restos de Ana Betancourt fueron trasladados a Cuba, el 28 de septiembre de 1968 y luego de rendirle los honores correspondientes, fueron sepultados en el Panteón de las FAR, en La Habana, donde descansan en la tierra donde una revolución nueva, como era su deseo, rompió los yugos que ataban a la mujer y la hizo libre para siempre. Su deseo fue cumplido.