Archivo de la etiqueta: camilo

Camilo, te recordamos siempre alegre, siempre joven, eternamente vivo

Para los cubanos recordar a Camilo Cienfuegos no es un compromiso de fechas, sino un deber ineludible de todos los días, por lo que él significa para su pueblo.

Nació el 6 de febrero de 1932 y murió el 28 de octubre de 1959. Entre una y otra fecha mediaron 27 años, 8 meses y 22 días. Ese fue su tiempo de existencia. Fugaz, como las estrellas que se escapan del firmamento pero que dejan tras de sí, en el infinito, una estela luminosa difícil de olvidar.

Y así fue Camilo, así trascurrió su vida desde aquel 6 de febrero cuando la barriada de Lawton lo vio nacer, crecer y forjarse en ese difícil oficio de ser revolucionario, de graduarse en la lucha por la libertad de su patria y de alcanzar la categoría más alta para un hombre: Héroe.

Es por eso que hoy se habla de Camilo como alguien que todavía está entre nosotros, alguien a quien todavía llamamos el Señor de la Vanguardia, o el Comandante de la Sonrisa Eterna. Su muerte temprana no fue pretexto para encerrar su vida entre los mármoles de una tumba, o para presentirlo hundido en las profundidades del mar, o para ponerle flores ante una estatua de bronce. A los hombres como él jamás se les mata.

A Camilo debemos verlo cada día en los ojos inquietos y profundos de cada niño o de cada adolescente, en la energía y la alegría de cada joven, en la vehemencia de cada obrero, en la inteligencia de cada científico, en el valor de cada soldado o en el gesto solidario de cada uno de los internacionalistas, o en los sueños y esperanzas de cada hombre y mujer de este pueblo, que con pasión continua la obra revolucionaria que Camilo contribuyó a crear.

De haber estado vivo, hoy 6 de febrero, Camilo estaría cumpliendo 80 años de vida. Pero el que no esté entre nosotros físicamente, no es motivo para que dejemos de homenajearlo en tan significativa fecha, recordándolo como él fue, es y será para los cubanos: siempre alegre, siempre joven, eternamente vivo.

Camilo, eternamente vivo

Desde hace 52años, cada 28 de octubre, generaciones de cubanos nos hemos preguntado, ¿Dónde estará Camilo?

Sabemos que desde aquel fatídico atardecer del 28 de octubre de 1959, la avioneta que lo conducía hundió su metálico cuerpo en las profundidades del mar, para dejar atrapada entre sus aguas su legendaria figura. Y aún así, nos preguntamos, ¿Dónde estará Camilo?

Después de dos semanas de angustiosa búsqueda del héroe desaparecido en comparecencia televisada el 12 de noviembre de 1959, el Comandante en Jefe, Fidel Castro, confirmaba la trágica noticia de su muerte. Y aún así nos preguntamos, ¿Dónde estará Camilo?

Y porqué a pesar del tiempo transcurrido, los cubanos de ayer, los de hoy y también lo harán los de mañana, seguimos preguntándonos, ¿Dónde estará Camilo?

No hay en ello nada de misterio, ni nada extra-espiritual. La muerte puede matar hombres, hacerlos desaparecer, sepultarlos bajo tierra o en el fondo marino y puede, incluso, hacerlos olvidar con una cruz y un epitafio en una tumba de mármol lúgubre y frío.

A pesar de sus 27 años vividos, Camilo Cienfuegos supo con su acción y pensamiento ganarse el cariño, respeto y admiración de su pueblo, que le colocó en su pecho el más honroso galardón a que puede aspirar un ser humano: el de Héroe.

Decía el Che que cuando el tiempo pase y los dos años de lucha en la Sierra y aquel primer año después del triunfo sean sólo unas pequeñas líneas en nuestra historia, en esas líneas necesariamente, tendrá que estar escrito el nombre de Camilo.

Y cuánto camino hemos andado y cuánta historia hemos escrito en estos años y ahí en la primera línea, sigue el nombre de Camilo, como una estela imborrable en la memoria de su pueblo, con destellos superiores a los cien fuegos que anuncian su apellido.

Es ahí el secreto del por qué los cubanos de ayer, de hoy y de siempre, en cada 28 de octubre nos preguntamos, ¿Dónde estará Camilo?

Metafóricamente pudiéramos hacerlo renacer y decir: Camilo está en todas partes, en la sonrisa de un niño, en la fortaleza de un joven, en las manos creadoras de un obrero, en el fusil de un soldado, en los sueños y esperanzas de cada hombre o mujer de pueblo, de ese mismo pueblo que al recordarlo cada 28 de octubre lo presiente como fue, es y será: siempre alegre, siempre joven, siempre rebelde, eternamente vivo.