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Amaneceres gloriosos

26 de Julio

26 de Julio

En la madrugada del 10 de octubre de 1868, reunido ante un grupo de compatriotas y los esclavos que recién había hecho libres, Carlos Manuel de Céspedes les dijo: “Ciudadanos, ese sol que ven alzarse por la cumbre del Turquino, viene a alumbrar el primer día de la libertad” y de inmediato se escuchó en cuatro siglos el grito de ¡Independencia o Muerte!, para dar inicio a la Revolución Cubana.

84 años, ocho meses y quince días después, en la noche del 25 de julio de 1953, reunido con los Jóvenes de la Generación del Centenario, Fidel Castro dijo a sus compañeros, en el patio de la Granjita Siboney: “Podremos vencer dentro de unas horas o ser vencidos, pero de todas formas este Movimiento vencerá”

Y nuevamente, el sol que nacía por la cumbre del Turquino alumbró el amanecer de la Santa Ana, cuando más de un centenar de Jóvenes hicieron estallar los muros del Cuartel Moncada de Santiago de Cuba y el grito de ¡Libertad o Muerte! reinició la Revolución Cubana, que ni el fracaso de las acciones de ese día pudo detener más hasta la victoria.

Ni la Demajagua ni el Moncada pueden verse como hechos aislados en el tiempo. Uno y otro son parte indivisible de un mismo ideal.

Los hombres del 10 de octubre de 1868 se repitieron generacionalmente en los del 26 de julio de 1953, lo que demostró fehacientemente, que el tiempo no

devora las ideas, sino que las engrandece y las inmortaliza si se trata de algo tan preciado para el hombre como la libertad de su Patria. Y es esa Patria Libre y Soberana donde los revolucionarios cubanos celebramos hoy el aniversario 59 de la gesta del 26 de Julio, que nunca ha sido un suceso del pasado, fijado en una época, a un momento o a un lugar, sino que es una fecha de todos y para todos los tiempos expresada en un concepto: El Día de la Rebeldía Nacional.

Aquellas acciones del 26 de Julio de 1953 devinieron en fracaso, pero no en una nueva derrota de la Revolución. Se perdió un combate, pero no la batalla, ni las ideas que la inspiraron y que trajeron a los Jóvenes de la Generación del Centenario ante la tumba del Apóstol José Martí, para cumplir su sueño irrealizado de una “Patria con todos y para el bien de todos”

Del Moncada aprendimos los cubanos enseñanzas esenciales, pero sobre todo, las de luchar audazmente y sin descanso, forjar y preservar la unidad de los revolucionarios y mirar siempre hacia el porvenir con optimismo, por difíciles que sean las circunstancias y con el pensamiento siempre puesto en la victoria.

De no haber sido así, ese mandato que nos legaron los héroes y mártires del 26 de Julio, no nos hubiese conducido a continuar la lucha en el Granma, en la Sierra Maestra, en la clandestinidad, hasta aquel otro amanecer glorioso que nos trajo el sol que se alzó por la cumbre del Turquino, para alumbrar el primer día de la verdadera y definitiva libertad de la Patria, el Primero de Enero de 1959.

Como expresara Fidel aquí mismo en Santiago de Cuba, el 26 de Julio de 1973: “El Moncada nos enseñó a convertir los reveses en victoria (…) Nos enseñó (…) la fuerza de las ideas”. Durante más de medio siglo hemos luchado inspirados en ese pensamiento, oponiéndonos a todos los adversarios de la Revolución, incluido el más poderoso de todos: el imperialismo yanqui, demostrando así como dijera Martí: ” Que un principio justo desde el fondo de una cueva puede más que un ejército”

Digámosle entonces a Fidel y a Raúl desde su Santiago, que los ideales que un día trajeron ante los muros del Moncada, junto al resto de la Juventud del Centenario, se mantienen hoy más vigentes que nunca, para que nuestra revolución siga existiendo y siga siendo faro y guía de la humanidad toda, que algún día verá realizado sus mejores sueños de redención y de justicia, como lo hizo Cuba, gracias a aquel glorioso amanecer de la Santa Ana, en Santiago de Cuba y Bayamo, el 26 de Julio de 1953.

¡Vivan los Héroes y Mártires de los asaltos a los cuarteles Moncada y Céspedes!

¡Viva el Comandante en Jefe Fidel Castro y el General de Ejército Raúl Castro!

¡Viva la Revolución Cubana!