Base Naval de Guantánamo, puñal clavado en el corazón de Cuba

Fruto de la primera intervención norteamericana en Cuba a partir de 1898 y de la sumisión del primer gobierno republicano de la isla, encabezado por Tomás Estrada Palma, fue la ocupación en nuestro territorio de la Base Naval de Guantánamo arrendada a los interventores mediante un tratado que se firmó el 16 de febrero de 1903 por los mandatarios de ambos países, amparado en los artículos 7 y 8 de la tristemente célebre Enmienda Platt, que contemplaba esa posibilidad ignominiosa.

En un principio, Estados Unidos había solicitado a las autoridades de la isla el arrendamiento de los territorios de Guantánamo y Bahía de Nipe, en el sur y norte de Oriente, además de Cienfuegos, en el centro y Bahía Honda, en Pinar del Río, pero las protestas populares hicieron que finalmente, sólo Caimanera fuera arrendada, con una extensión de 117,6 kilómetros cuadrados, casi 39 de ellos en aguas de la bahía.

Con los yanquis en casa y con la espada que representaba también el artículo tercero de la Enmienda Platt, que daba a Estados Unidos el derecho de intervenir en la isla cuando lo estimase necesario, en 1906 otra vez las tropas norteamericanas volvieron a mancillar nuestra soberanía, para mediar en una trifulca política entre los partidos existentes en la isla.

Nunca la Base Naval de Guantánamo cumplió el propósito por el cual Estados Unidos la arrendó: Servir de Estación Naval y Carbonera, sino que más bien cumplió el objetivo de servir de punta de lanza en el área del Caribe, para enviar rápidamente sus infantes a cualquier punto de la región, como lo hizo en Santo Domingo, Haití y Cuba, en más de una ocasión.

En sus años de existencia y más a partir del triunfo de la Revolución, en esta Base o desde ella, han sido torturados y asesinados: Lino Rodríguez, quien intentaba trabajar en ella después de la Segunda Guerra Mundial, así como el obrero Rubén López Sabariego, en 1961; el pescador Rodolfo Rosell, en 1962 y los combatientes fronterizos Ramón López Peña, en 1964 y Luis Ramírez López, en 1966.

112 años después de haberse firmado aquel ominoso tratado del 16 de febrero de 1903, que cedió parte del territorio de Guantánamo al gobierno yanqui, éste ha instalado allí un centro de detención y torturas, violando todas convenciones internacionales, en cuya entrada podría escribirse lo mismo que Dante en su célebre infierno: “Al entrar aquí perded la esperanza”

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