Archivo por meses: Agosto 2013

La huelga General del 33 y el derrocamiento de Gerardo Machado

El poder de la clase obrera se puso de manifiesto por primera vez en Cuba el 12 de agosto de 1933, hace hoy 80 años, cuando una Huelga General de los trabajadores derrocó la sangrienta tiranía del General Gerardo Machado, quien gobernaba el país desde 1925.

Esta huelga fue organizada y dirigida por la Confederación Nacional Obrera y el Partido Comunista y aunque no constituyó una victoria definitiva del proletariado cubano, al menos dejó claro la fuerza de la clase obrera para provocar una apertura democrática en la nación, concluida la libre actividad sindical.

Artífice del triunfo de esta huelga de agosto de 1933 lo fue el poeta devenido en líder obrero Rubén Martínez Villena, que ya gravemente enfermo dedicó sus últimos alientos a la organización y conducción de este movimiento hasta la caída del tirano.

Martínez Villena había asumido la dirección de la Confederación Nacional Obrera de Cuba, tras el asesinato de Alfredo López, quien junto a él y otros líderes sindicales de entonces, constituyeron en 1926 esa organización unitaria de los trabajadores cubanos.

Por su deteriorado estado de salud el Partido Comunista de Cuba obligó a Martínez Villena a recluirse en un sanatorio del Caúcaso, en la Unión Soviética con el objetivo de curarse de la tuberculosis que minaba sus pulmones y juventud, pero sabiéndose ya sin cura, regresó a la Patria para ponerse al frente de la organización de la Huelga General que provocó el fin de la dictadura machadista el 12 de agosto de 1933.

Muchos consideran este gesto altruista de Villena como su último poema, pues sólo unos meses después en enero de 1934 Rubén dejó de existir dando a todos una lección de consagración a una causa y fidelidad al Partido Comunista del cual fue miembro de su Comité Central junto a Julio Antonio Mella.

Es por eso que al conmemorarse hoy 12 de agosto el aniversario 80 de la Huelga que derrocó al régimen dictatorial de Gerardo Machado, junto al recuerdo de ese acontecimiento heroico ha de estar presente también el de Rubén Martínez Villena que logró así la carga que había pedido en su poema lírico: “Para matar bribones, para acabar la obra de las Revoluciones”

Victoria de Cangamba

Por Armando Fernández Martí

Cuando del 10 de agosto de 1983 mercenarios de la UNITA al servicio de Sudáfrica abandonaban precipitadamente el poblado angolano de Cangamba y sus alrededores, se cumplía una vez más el postulado martiano de que “un principio justo desde el fondo de una cueva puede más que un ejército.

Cangamba era entonces una pequeña aldea situada en el agreste paisaje del sur angolano, al parecer sin objetivo de valor militar alguno, aunque era una región que había tenido que soportar en muchas ocasiones las agresiones directas del ejército sudafricano, en un intento de impedir la independencia de Angola.

En ese lugar se había instalado la bisoña Brigada 32 de las Fuerzas Armadas Populares para la Liberación de Angola, FAPLA, asesorada por 82 cubanos internacionalistas al mando del Teniente Coronel Fidencio González Peraza, cuya principal labor era preparar militarmente a los angolanos para defender ese territorio de agresiones extranjeras.

Sin embargo, el 2 de agosto de 1983 las fuerzas de a UNITA encabezadas por Jonás Savimbi, apoyada por una poderosa agrupación del ejército racista de Sudáfrica se lanzaron contra el poblado de Cangamba con el objetivo de apoderarse de la aldea y proclamara allí una República Negra, que arrebatara a la República Popular de Angola una buena parte del sur de la nació, convirtiéndola además en punta de lanza para futuras agresiones contra e pueblo angolano.

A pesar del poderío militar de a UNITA y la superioridad en hombres, 12 por cada combatiente cubano, la Batalla de Cangamba se prolongó durante siete largos días con sus noches sin que las fuerzas enemigas pudieran tomar el poblado, cuya defensa se convirtió en símbolo de la resistencia y la voluntad de los cubanos y angolanos de no dejarse arrebatar esa aldea a cualquier costo.

Sin agua, sin alimentos y medicinas y casi sin municiones los cubanos y angolanos resistieron todos los ataques de las tropas de a UNITA y del Ejército Sudafricano con morteros, obuses, cañones y tanques entre otros medios, sin que pudieran tomar el poblado y en ocasiones la distancia entre los dos contendientes era apenas de 25 metros.

Desde La Habana, a 10 MIL kilómetros del teatro de operaciones, el Comandante en Jefe Fidel Castro daba instrucciones al mando de las fuerzas internacionalistas cubanas en Angola, decidiéndose el envió de refuerzos por distintas vías, así como una fuerza especial que se transportó en helicópteros hasta a retaguardia del enemigo, en tanto que la aviación apoyaba a los combatientes de Cangamba con operaciones aéreas constantes y precisas sobre las fuerzas de la UNITA y de Sudáfrica.
El 7 de agosto de 1983 el Comandante en Jefe Fidel Castro envió una carta a los combatientes cubanos y angolanos en Cangamba la cual fue leída en las propias trincheras frente al cerco enemigo donde les expresaba, que había seguido hora a hora su heroica resistencia a fuerzas muy superiores prometiéndoles además, que “todos los medios y fuerzas cubanas se emplearán si fuera necesario para liberarlos del cerco enemigo”

Y terminaba la carta de Fidel destacando: “Que Cangamba sea un símbolo imperecedero del valor de los cubanos y angolanos. Que Cangamba sea ejemplo de que la sangre de angolanos y cubanos derramada por la libertad y dignidad de África no ha sido en vano”

El 10 de agosto de 1963 ante la resistencia de los cubanos y angolanos en Cangamba y los estragos causados por nuestra aviación a las fuerzas de la UNITA y de Sudáfrica estas abandonaban ese territorio precipitadamente. Se frustraba así la pretendida República Negra de Savimbi, y la victoria de esta batalla contribuyó sin dudas, a la futura eliminación del colonialismo en África Austral y de la erradicación del odioso régimen del Apartheid, contribuyendo así mismo a la independencia del pueblo de Namibia.