Soberanía petrolera y la intervención de la refinería santiaguera

Por Armando Fernández Martí

Hace 53 años, el 28 de junio de 1960, Cuba comenzó a alcanzar su plena soberanía petrolera, cuando mediante la Resolución 188, firmada por el entonces Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, ordenaba al recién constituido Instituto Cubano del Petróleo situar el crudo necesario en la Refinería The Texas Company, de Santiago de Cuba, conocida por Texaco, para garantizar el funcionamiento de ésta y que cumpliera con el abastecimiento de combustible que le correspondía.

En su segundo POR CUANTO, la resolución establecía que de negarse la Texaco a cumplir con las leyes de la República se procediera a la intervención de la industria, y eso sucedió, convirtiéndose la refinería santiaguera en la primera que pasó a manos del pueblo el 28 de junio de 1960 y un día después, corrían igual suerte la compañía petrolera Shell, de Cuba, de propiedad inglesa y la Esso Standard Oil, las dos últimas radicadas en La Habana.

Esas compañías petroleras se abastecían de su propio crudo importado a Cuba a precios altos, por lo que la isla decidió buscar mercados más baratos incluido el de la Unión Soviética para el suministro de esa importante materia prima a las refinerías de Santiago de Cuba y La Habana a fin de que elaboraran el combustible que debía consumir el país y que en esos momentos era de unos 4 MILLONES de toneladas.

Plegándose a los dictados de Washington para crear una crisis energética en isla que paralizara su economía, esas petroleras se negaron a refinar el crudo que Cuba la suministraría, incumpliendo con la Ley de Minerales-Combustible del 9 de mayo de 1938, que en su Artículo 4 establecía para esas compañías: “Sus plantas estarán obligadas a refinar petróleo del Estado cuando el gobierno así lo solicite…”

Puede decirse entonces, que la Texaco, la Esso y la Shell, ellas mismas se pusieron la soga al cuello, al negarse a cumplir con una Ley que había sido aprobada por el Gobierno cubano 22 años atrás, en 1938 y de negarse a refinar el petróleo que el país les entregaría, la propia Ley establecía la expropiación de las industrias. No era esa, por tanto, una Ley revolucionaria, pero si su aplicación soberana.

Ya antes de la nacionalización de estas empresas petroleras norteamericanas e inglesa y previendo que el futuro no sería nada halagüeño para ellas, sus directivos comenzaron a retirar sus ingenieros y técnicos que trabajaban en las mismas y estimular la deserción de especialistas y obreros calificados cubanos que laboraban en las plantas, para crear lo que popularmente se denomina un cuello de botella.

Pero se quedaron con las ganas de ver a esas industrias paralizadas y con ellas el país, porque los trabajadores de las tres refinerías asumieron la responsabilidad de dirigirlas y mantenerlas produciendo a toda costa y todas hoy, 53 años después se erigen como excelentes complejos petroleros, que junto a otras construidas después de 1959 garantizan el abastecimiento de los distintos tipos de combustible al país, e incluso se exportan algunas cantidades de excelente calidad.

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