Archivo por días: 05/27/2013

A 118 años de la exhumación del cadáver de Martí en el nicho 134 de Santa Ifigenia

Un día como hoy 27 de mayo, pero de 1895 fue sepultado en el cementerio Santa Ifigenia, de Santiago de Cuba, el cadáver del Apóstol de la independencia de Cuba José Martí Pérez, muerto en un combate que tuvo lugar en Boca de Dos Ríos, Oriente, contra una columna española al mando del Coronel Ximénez de Sandoval.

A pesar de los esfuerzos realizados personalmente por el Generalísimo Máximo Gómez, el cadáver de Martí no pudo ser rescatado de manos españolas, y al siguiente día 20 de mayo, fue inhumado por primera vez en el Cementerio de Remanganagua, localidad próxima a Palma Soriano, en la tierra viva y casi desnudo, cubierto sólo con los pantalones.

Como ha de suponerse, la muerte de Martí causó júbilo en Madrid y los medios de prensa colonialistas publicaban titulares manifestando su complacencia por el hecho, ya que muerto el titulado Presidente cubano, que era el alma de la insurrección, le sería más fácil a las tropas colonialistas vencer a los mambises y desmoralizarlos.

Suponiendo que muchos en el exterior no creerían en la caída de Martí el General Salcedo, Jefe de la Plaza Militar de Santiago y de toda la provincia de Oriente, ordenó a Jiménez de Sandoval trasladar a esta ciudad el cadáver del Héroe embalsamado asegurando que aquí sería enterrado, “con el respeto que merece todo muerto”

De ahí que los restos del Apóstol fueran exhumados del cementerio de Remanganagua y trasladados desde esta localidad a Palma Soriano, donde fue expuesto públicamente varias horas en el Parque Central, y más tarde, fue llevado a San Luis desde donde partiría por la vía férrea hasta Santiago de Cuba bajo una fuerte custodia de tropas coloniales, llegando a la capital provincial en la noche del 26 de mayo.

Fue así como en la mañana del 27 de mayo de 1895 los restos de José Martí fueron inhumados por segunda vez en el nicho 134 de la Galería Sur en la necrópolis santiaguera, no sin que antes dos prestigiosos cubanos, Antonio Bravo Correoso y Joaquín Castillo Duany, a solicitud propia, fueran autorizados a verificar la identidad del cadáver de nuestro Apóstol corroborando que efectivamente era ese el que recibiría sepultura, mientras que un fotógrafo dejó constancia gráfica del cuerpo de Martí en el sencillo ataúd en que fue enterrado.

Al momento del entierro poco después de las ocho de la mañana el Coronel Jiménez de Sandoval preguntó en dos ocasiones si había entre los presentes algún amigo, pariente o conocido de Martí que quisiera despedir el duelo, y como no hubo respuesta positiva el propio militar español asumió la tarea señalando a los asistentes que no vieran en Martí el enemigo, sino el cadáver “del hombre que las luchas de la política colocaron ante los soldados españoles”

Los restos del Apóstol se mantuvieron en el nicho 134 del cementerio santiaguero hasta 1907 cuando fueron trasladados a un pequeño templete erigido en el mismo lugar, donde permanecieron hasta el 31 de junio de 1951 cuando fueron depositados en el actual Mausoleo, donde un pensamiento de su hermano de batallas, Máximo Gómez reza: “Duerme en paz compatriota y amigo querido, que yo digo de ti lo que la historia ha dicho del héroe griego: bajo el cielo azul de tu patria no hay una tumba más gloriosa que la tuya”. Así será por siempre.