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La Huelga del 9 de Abril: sus experiencias

El 9 de abril de 1958, hace hoy 55 años se produjo en Cuba una Huelga General convocada por el Movimiento Revolucionario 26 de Julio, que tenía entre sus objetivos precipitar la caída del régimen dictatorial existente en la isla desde siete años atrás.

Esa huelga, sin embargo, no tuvo el éxito esperado y más bien mostró que la clase obrera cubana de entonces aún no estaba preparada, ni objetiva ni subjetivamente, para el propósito concebido, además de evidenciar serias contradicciones en la Dirección Nacional Revolucionaria, y sobre todo, en la conducción de la lucha tanto en el llano como en las montañas.

Asimismo el fracaso de esa huelga provocó la pérdida de más de un centenar de valiosas vidas de revolucionarios, fundamentalmente, en la lucha clandestina urbana y envalentonó al régimen tiránico para lanzar una ofensiva general contra la Sierra Maestra, empleando más de 10 mil soldados con el fin de acabar con el movimiento guerrillero en las montañas.

Por esos días, en carta dirigida a Faustino Pérez, Coordinador del Movimiento 26 de Julio en La Habana, el Comandante en Jefe Fidel Castro le expresó: “Tengo la más firme esperanza de que en menos tiempo de los que muchos son capaces de imaginar habremos convertido la derrota en victoria”

En ese sentido, a principios de mayo de 1958 se llevó a cabo en la Sierra Maestra una reunión de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio, donde se analizó el resultado negativo de la Huelga General del 9 de abril, reestructurándose la organización revolucionaria, sobre la base del reconocimiento del papel de vanguardia del Ejército Rebelde en la lucha, constituyéndose un mando único, encabezado por el Comandante en Jefe, Fidel Castro, para dirigir ambas formas de combate.

Fue esa una reunión vital y sus decisiones acertadas, pues el Movimiento Revolucionario Cubano pudo a partir de ese momento incrementar la lucha clandestina en el llano, el Ejército Rebelde enfrentar la poderosa ofensiva lanzada por el régimen contra las montañas, y en pocos meses pasar a la contraofensiva que llevó a la Revolución a derrotar la dictadura de Fulgencio Batista apenas 8 meses después.

Como expresara Fidel: “La huelga del 9 de abril fue una batalla perdida, pero no la guerra”. Esa fue sin dudas, la principal enseñanza de ese hecho histórico acaecido hace hoy 55 años.

Guillermo Moncada, El Coloso de Ébano

José Guillermo Veranes  fue uno de esos hombres que nació para ser gigante, no sólo por su estatura sino por su arrojo, honor y dignidad y méritos revolucionarios. Tenía 27 años cuando el alzamiento de La Demajagua y dejó el oficio de carpintero, para incorporarse a las filas insurgentes donde en poco tiempo ganó los grados militares por su valentía.

Al terminar la Guerra de los 10 Años, Guillermón (como así le llamaban),  era Brigadier y había participado en más de un centenar de combates a las órdenes de Máximo Gómez y Antonio Maceo.

Al producirse el Pacto del Zanjón, Moncada estaba bajo el mando del Titán de Bronce y lo secundó en la célebre Protesta de Baraguá, como uno de sus hombres de confianza. La terminación de la Guerra de los 10 Años no fue para Guillermón una tregua, pues en agosto de 1869 tomó las armas nuevamente al estallar la llamada Guerra Chiquita.

Fracasado ese movimiento, Moncada fue enviado a prisión en las Islas Baleares, de donde regresa en 1886, para proseguir la actividad revolucionaria y por ello, cae preso nuevamente y es recluido por seis meses en el Cuartel Reina Mercedes, de Santiago de Cuba, que después, en la pseudo-república llevara su nombre.

Por sus méritos y experiencia militar, José Martí lo designa junto a Bartolomé Masó, para encabezar el movimiento revolucionario en Oriente y bajo su mando, se produce el alzamiento armado del 24 de febrero de 1895. Aunque muy enfermo de tuberculosis, Guillermón vuelve a la manigua y ese día ataca al poblado de Dos Caminos de San Luis, para proveerse de armas y municiones.

Pero la terrible enfermedad que lo minaba pudo más que la voluntad de este “Coloso de Ébano” y el 5 de abril de 1895, a poco más de un mes de iniciada la “guerra necesaria”, deja de existir.

Con su muerte la Revolución perdió a uno de sus más capaces jefes militares y la guerra a uno de sus más extraordinarios combatientes. Guillermón acostumbraba a decir: “Mi brazo de negro y mi corazón de cubano tienen fe en la victoria”.  A 118 años de su muerte el pueblo le recuerda ofreciéndole como homenaje la victoria que él tanto quiso.