Archivo por meses: Febrero 2013

Todos los honores al Padre de la Patria

“(…) Mi revólver tiene seis tiros, cinco para los españoles y uno para mí. Muerto podrán cogerme, pero prisionero ¡nunca!”. Y así mismo fue.

Triste debió ser aquel 27 de febrero de 1874, cuando en San Lorenzo, un apartado rincón de la Sierra Maestra, rindió sus armas a la muerte, aquel que con toda justeza se había proclamado El Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes.

Hasta ese lugar, donde lo habían obligado a refugiarse y tal vez guiado por las sombras de la traición, llegaron los soldados españoles del Batallón de San Quintín, frente a los cuales Céspedes se batió solo, con un revólver, defendiéndose hasta la muerte, que encontró heroicamente en el fondo de un áspero barranco.

El ex-presidente de la República en Armas había solicitado a ese gobierno se le permitiera salir del país, para reunirse con su esposa y dos hijos que no conocía, solicitud que le fue negada por que lo preferían “borrado” del acontecer revolucionario que él había iniciado con gloria el 10 de octubre de 1868.

En San Lorenzo, Céspedes se había dedicado a la noble tarea de enseñar a leer y escribir a los niños de la zona. Soportó allí enormes penurias y abandono, al extremo de quedarse casi sin zapatos para andar, además de padecer algunas enfermedades, más que de la vejez, de los rigores de la vida en armas que escogió para darle a los cubanos Patria e Independencia.

Y fue consecuente con sus principios hasta el último minuto. No lo pudieron capturar vivo y legó a los cubanos del futuro un verdadero ejemplo de intransigencia y de lealtad a una causa, la más noble de todas: la libertad.

Honor y Gloria al Padre de todos los cubanos, Carlos Manuel de Céspedes, en el aniversario 139 de su muerte, el 27 de febrero de 1874.

Pretexto que Estados Unidos aprovechó para iniciar la guerra contra España

Explosión del Maine

Desde el 15 de febrero de 1898 hasta hoy, han transcurrido 115 años, y todavía no se sabe con exactitud si la explosión del acorazado Maine en la bahía de La Habana fue accidental o una autoagresión del gobierno de Estados Unidos para intervenir en el conflicto hispano-cubano, que para entonces estaba virtualmente definido a favor de los mambises de la isla.

Como haya sido, de una u otra forma, la explosión del Maine vino como anillo al dedo a las autoridades norteamericanas de entonces que ya desde tiempos atrás buscaban un pretexto para inmiscuirse en esa guerra y lograr con ello, que cayera en sus manos la pequeña isla antillana anhelada desde más de un siglo atrás.

Y como siempre, la gran prensa yanqui hizo su papel en favor de los intereses del poderoso vecino del norte, desatando una furibunda campaña mediática contra España y pidiéndole a gritos a su gobierno, que interviniera con sus tropas en la Isla, exacerbando los ánimos de la población norteamericana, que se dejó arrastrar por el odio incubado por los medios de comunicación.

Tomando como pretexto la explosión del Maine, Estados Unidos declaró la guerra a España y meses después desembarcaba sus tropas por las proximidades de Santiago de Cuba, para dar inicio a una intervención militar, a partir del 17 de julio de 1898 y se extendió hasta 1902, en que se proclamó la República de Cuba, un engendro al estilo yanqui que limitó la libertad y soberanía de la isla, por más de 50 años.

En la explosión del acorazado Maine, en la bahía de La Habana, perecieron 206 tripulantes entre oficiales y marinos y en una investigación llevada a cabo en 1976 por una comisión del Gobierno norteamericano, presidida entonces por James Carter, se llegó a la conclusión de que un incendio en la carbonera del buque fue la causa probable del estallido. Pero, ¿sería esa la verdadera causa?, o acaso todavía se pretende ocultar lo sucedido.

En definitiva, cualquiera que haya sido la causa real, lo que si es cierto, es que Estados Unidos aprovechó ese trágico momento para iniciar la guerra contra España y con ella darle nacimiento a la era de las intervenciones militares norteamericanas fuera de su territorio, que tanto daño han causado a la humanidad y que tanta sangre le han costado a muchos pueblos, incluida la propia nación norteamericana.