Archivo por meses: Mayo 2012

Combate de El Uvero, importante victoria para el Ejército Rebelde

Preparando la acción de ataque al Cuartel de El Uvero

El 28 de mayo de 1957 apenas cinco meses después de establecerse en la Sierra Maestra, el Ejército Rebelde libró su más importante, riesgoso y difícil combate al atacar el cuartel de El Uvero, ubicado a orillas de la costa de esa localidad suroriental, que servía de punto de embarque de madera con destino a Santiago de Cuba.

Según el Comandante en Jefe Fidel Castro, quien dirigió personalmente la acción, la misma se realizó en solidaridad con los expedicionarios del yate Corynthia, que habían desembarcado por la costa norte sin coordinarlo con nadie, pero eran compatriotas en dificultades y una forma de ayudarlos era realizando una acción bien audaz, que desde el punto de vista militar no era la más conveniente, pues esta unidad enemiga estaba bien atrincherada y no distante de la zona del movimiento de la guerrilla.

El ataque al cuartel de El Uvero se realizó en pleno día y se prolongó casi por tres horas y en el murió o fue herido un tercio de los participantes, ya que el enemigo una vez restablecido de la sorpresa y a pesar de sus bajas, combatió con ardor hasta que decidieron rendirse.

Durante el combate el ejército de la dictadura tuvo once muertos además de 16 prisioneros y 19 heridos, entre estos últimos el Teniente Jefe del cuartel. Por su parte el Ejército Rebelde perdió siete combatientes y 8 resultaron heridos, varios de gravedad.

En total se ocuparon 95 fusiles, de ellos 14 Garand semiautomáticos, 30 Springfield, un fusil ametralladora Browming, cerca de 6 000 balas y numerosa vitualla de campaña las cuales sirvieron para fortalecer la guerrilla y más tarde crear la segunda columna del Ejército Rebelde.

En carta dirigida a Frank País sobre la acción de El Uvero Fidel le señaló: “Todo lo que se diga sobre la valentía con que lucharon no acertaría a describir el heroísmo de nuestros combatientes”, mientras que el Che lo calificaba como el combate donde “el Ejército Rebelde alcanzó la mayoría de edad, pues a partir de ese momento creció la moral, decisión y esperanza del triunfo definitivo por la libertad”

El combate de El Uvero el 28 de mayo de 1857 demostró una vez más que la victoria siempre será de los que luchan por la justicia, y así se le recuerda hoy en el Aniversario 54 de aquella audaz acción.

José Martí vive en cada cubano

No hay hombres inmortales y una bala puede acabar con una vida en un instante, pero lo que no podrán todos los arsenales del mundo es matar las ideas de aquellos que han sembrado en el corazón de sus pueblos el amor a la libertad y la justicia a las que tienen derecho todos los que nacen y viven sobre la tierra.

José Martí es uno de esos hombres inmortales por sus ideas porque a él debemos los cubanos el haber aprendido que el hombre que se conforma con obedecer leyes injustas, no es un hombre honrado y el que tenga patria la honre, y el que no, que la conquiste.

No se conformaba Martí sólo con la prédica, pues no creía justo y honesto mandar a otros a morir por la libertad si nunca se había estado al frente de la caballería y sentir el olor a pólvora penetrar por la nariz. “Yo evoqué la guerra –decía-, y mi responsabilidad comienza con ella (…) Mi único deseo sería pegarme allí, al último tronco, al último peleador. Morir callado. Para mí ya es hora”

Y esa hora la llegó, el 19 de mayo de 1895 en Dos Ríos. A pesar de habérsele ordenado permanecer en el campamento, él no vaciló marchar también hacia el combate, sin importarle el peligro, ni lo que representaba su muerte para la Revolución.

Horas antes de caer había sentenciado: “Se desaparecer, pero no desaparecerá mi ejemplo”. De cara al sol se levantó entonces para siempre.

117 años después y como cada 19 de mayo el pueblo va hasta su tumba para ponerle encima un ramo de flores y jurar ante la bandera que la cubre, que la libertad y la independencia con las que él soñara y que nos enseñó a conquistar, son hoy realidades de la Patria donde él siempre está presente, no en el mármol lúgubre y frío de una estatua, sino en el quehacer diario explosivo y de fuego de su Revolución que como un volcán esparce las cenizas de su ejemplo por todo el mundo.

Honrar Honra.