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Baraguá, protesta por la ominosa paz del Zanjón

Más que una protesta por la ominosa paz del Zanjón, con su gesto heroico del 15 de marzo de 1878 en Mangos de Baraguá, el general Antonio Maceo salvó la Revolución y a los cubanos de una humillante derrota.

Tal era la paz firmada por un grupo de traidores el 10 de febrero de 1878 en el Zanjón, que ni con la independencia ni la abolición de la esclavitud, habían sido consideradas por España, desestimando los diez años de cruenta y heroica lucha de los cubanos por alcanzar ambos propósitos.

A la cita del 15 de marzo en Baraguá, acudió Martínez Campos con la convicción de que completaría lo poco que le faltaba para coronar su triunfante programa pacificador y poner fin a la guerra que 10 años atrás había estallado en Yara.

Pero el general Antonio, conocedor ya de los acuerdos del Zanjón, no dejó siquiera que Martínez Campos le diera a conocer el texto del humillante pacto diciéndole: “Guarde usted ese documento”. ¡No!. ¡No, nos entendemos!, Fue la respuesta viril del Titán”.

Con ese gesto, Maceo eleva la dignidad de los cubanos a su máxima expresión y le daba a entender al general español, que la guerra no había terminado y que si en el Zanjón hubo traidores que se doblegaron a España, en Baraguá sobraba el coraje para luchar muchos años más, hasta lograr la independencia deseada.

Si bien después Maceo tuvo que retirarse de los campos de batalla, la tregua no fue para descansar sino para preparar, junto a Martí y Gómez, la guerra necesaria que estallaría el 24 de febrero de 1895, como continuación histórica de aquella Revolución salvada por el Titán de Bronce diecisiete años atrás en Baraguá.

La lección de Baraguá con su enseñanza de intransigencia fue bien aprendida por nuestro pueblo. Hoy 134 años después, perdura en su pueblo heroico y quienquiera pertenecer a él, con derecho moral, debe ser capaz de levantarse junto a la memoria del Titán, porque jamás un cubano verdadero será infiel a su Revolución, la misma que como entonces y con la misma intransigencia, defendemos hoy.

Ultraje vergonzoso de un marine yanqui a la estatua de Martí

Hay hechos en la historia cubana que son poco conocidos por las nuevas generaciones y uno de ellos ocurrió el 11 de marzo de 1949, cuando un grupo de marines yanquis profanaron la estatua del Apóstol de nuestra independencia José Martí, que se erige en el parque central de la capital cubana.

A diferentes puertos cubanos llegaban los fines de semana algunos buques de guerra de la flota norteamericana en la región del Caribe, con el objetivo de proporcionarles a sus marines algunas horas de esparcimiento y recreación en la isla.

Sin embargo, esas horas se convertían en angustiosas para las poblaciones visitadas por los estadounidenses, quienes se lanzaban a las calles como jaurías humanas sedientas de vicios y placeres e invadían bares, cantinas y prostíbulos en un jolgorio inacabable.

En esa ocasión, 11 de marzo de 1946, varios de ellos en estado de embriaguez se presentaron en el parque central habanero y se encaramaron en la estatua del prócer José Martí, en tanto que uno de ellos llegó hasta los hombros de la efigie y los usó como urinario público.

Aquella profanación a la estatua de Martí, provocó de inmediato una reacción indignante de centenares de habaneros que acudieron hasta el parque central capitalino para repeler la afrenta, por lo que la policía tuvo que intervenir en favor de los marines yanquis, que fueron sacados del lugar protegidos.

Con la publicación al siguiente día de la noticia y la foto del hecho en la prensa nacional, todo el país reaccionó indignado por la agresión y por la pasividad de las autoridades que posteriormente entregaron a los marines al mando de su buque.

Entonces nuestro poeta nacional dedicó uno de sus poemas a la afrenta señalando:

“Ví una vez un marinero.
Yo lo ví subir.
en una alta frente de mármol
y en esa frente escupir.
Un yanqui de su embajada
señores vino por él.
cañones los protegieron
y bajo cañones se fue.”

Esa amarga historia ocurrió hace 63 años y en Cuba será irrepetible por siempre pues una de las primeras medidas del gobierno revolucionario al tomar el poder en enero de 1959 fue la de cancelar todos los convenios militares existentes entre Estados Unidos y Cuba, que permitían desmanes como el narrado anteriormente.