Camilo Cienfuegos: ¡Eternamente vivo!

Camilo Cienfuegos: cada 28 de octubre nos parece como si el mar resultara pequeño para recibir todas las flores que echamos a sus aguas para recordarte. Y nos parece como si ese mar floreciera y se llenara de vida, de esa misma vida que un día la muerte nos arrebató en pleno vuelo, como águila al acecho, para privarnos de tu figura legendaria y de tu sonrisa de niño bueno.

Y hoy no vamos a hablar de muertos, porque muertos son los que se olvidan. Prefiero, Camilo, como el poeta, “cantarte porque estás vivo”. Y estar vivo no es estar presente. Estar vivo es haberte quedado entre nosotros como ejemplo, porque un hombre puede morir físicamente, pero su obra, su pensamiento y acción pueden vivir eternamente en el corazón del pueblo.

Y por eso Camilo desde aquel fatal 28 de octubre de 1959, decimos que estás aquí, allá o en todas partes. A los muertos como tú, no se les encierra en una tumba de mármol con cruz y epitafio. Tal vez eso nos hace pensar que ese día te adueñaste de las inquietas aguas del mar, para sembrar y hacer crecer siempre entre sus olas las flores.

Y así vives tú, Camilo. Así se te puede ver cada día en los ojos de cualquier niño travieso, en la sonrisa franca y abierta de cualquier adolescente, en las bromas y energías de cada joven, en la barba espesa y revuelta de cada internacionalista, en el valor y el coraje de cada soldado, en los éxitos productivos de cada obrero en los sueños y esperanzas de cada hombre y mujer del pueblo que te aprendió de memoria por tu sonrisa y con la cual hemos sabido enfrentar bien tus vientos y mares como lo hubieras hecho tú, con una broma entre los labios.

Nunca desde aquel 28 de octubre en que desapareciste, te hemos recordado Camilo con llanto en los ojos, ni te hemos pedido que descanses en paz. No hay razón para hacerlo. Un muerto como tú nunca tendrá descanso; tu voz seguirá resonando y pidiéndonos lealtad a la Revolución; tu figura seguirá andando de un lado a otro con la Revolución; seguirás siendo el Señor de la Vanguardia, el Comandante de la sonrisa eterna, para cada combate de y por la Revolución.

Tu imagen seguirá siendo la del pueblo, ese que nunca te ha dejado morir, porque de él han salido y saldrán muchos Camilos para continuar tu obra, de ese pueblo que al echar sus flores al mar en este día te dice: “Vamos bien, Camilo”, que es como decir, que sigues entre nosotros, como hace 51 años, siempre Rebelde, siempre alegra, siempre joven: ¡Eternamente vivo! 

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