A 115 años del Manifiesto de Montecristi

En una humilde y rústica casita de madera y zinc en la localidad de Montecristi, República Dominicana, el 25 de marzo de 1895, José Martí y Máximo Gómez, firmaron e hicieron público uno de los más importantes documentos devenido en piedra angular programática de la Revolución de 1895, iniciada en la isla el 24 de febrero de ese año con el Grito de Baire.

Ese documento, dirigido por el Partido Revolucionario Cubano al pueblo de la isla y conocido históricamente por el Manifiesto de Montecristi, hace hincapié en las razones que justifican y exigían la independencia de Cuba, en tanto que destacaba la necesidad de una guerra necesaria y breve, que no era contra el pueblo o el simple ciudadano español, sino contra el régimen colonial que oprimía y esclavizaba a la Patria.

Asimismo, el Manifiesto quitaba razones a un posible miedo al negro, echando así por tierra la denigrante campaña racista de los
autonomistas y demás enemigos de la independencia. De igual forma, rechazaba toda consideración geopolítica acerca del futuro de
Cuba, relacionándolo o integrándolo a los marcos estatales de otra nación, matando así las esperanzas de aquellos soñadores con la anexión a Estados Unidos.

Ell Manifiesto de Montecristi también proclamaba la integración de todos los factores del país y no alentaba el cacicazgo que tanto daño hizo, junto a la envidia, en la contienda del 1878, precisando que el Partido Revolucionario Cubano sería el que desde sus bases, trazaría la ruta a seguir.

El documento aclara que la magna tarea no era fruto de la improvisación, sino obra de dos generaciones que mostraban la unidad y solidez de la Revolución Cubana, lo cual confirmaba la presencia de José Martí, delegado del Partido Revolucionario y Máximo Gómez, designado General en Jefe del Ejército Libertador.

De Montecristi saldría por el mundo ese 25 de marzo de 1895, hace hoy 115 años, el Manifiesto, cuyo contenido, a pesar del tiempo
que ha transcurrido, permanece vivo en el corazón de cada cubano y es también un tesoro del patrimonio de nuestra América, la de la Patagonia al Bravo, frente a las pretensiones hegemónicas del imperio, que Martí en su tiempo bien definió como el norte revuelto y brutal que nos desprecia.

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