Archivo por meses: Febrero 2010

Recordemos a Benny Moré, El Bárbaro del Ritmo

Por Margarita Piedra Cesar

Cuando nació el 20 de agosto de 1918 fue inscripto en el Registro Civil de Santa Isabel de las Lajas, hoy en la actual provincia de Cienfuegos, como Bartolomé Maximiliano Moré Gutiérrez, pero con el decursar de los años fue llamado por el pueblo de una forma más sencilla: El Benny.

Dicen que de niño gustaba andar por el pueblo, escuchando serenatas y después alegrando con su torrente de voz fiestas, romerías de ríos, descargas y cualquier reunión de gente donde hiciera falta la música y la canción.

Tal vez él mismo se diera cuenta que allí nada lograría y por eso, aquel mulatito flacucho se echó un día la guitarra debajo del brazo y marchó a la capital cubana en busca de nuevos horizontes para su arte cimarrón.

Tuvo suerte de encontrarse con otro grande de la música cubana, Miguel Matamoros, quien lo llevó a Méjico donde integró varias orquestas hasta dar con la de su compatriota Dámaso Pérez Prado, donde comenzaría a ascender hacia la cumbre del arte musical.

Ya de regreso a Cuba, en 1953 fundó su banda gigante y recibe el calificativo de “Bárbaro del Ritmo”, a pesar de no saber de notas y solfeo, ese es sinónimo de genio y sin dudas, el Benny lo era.

El Benny interpretó boleros, canciones, guarachas, sones, mambos y todo lo hizo bien, pues su voz de tenor con una afinación perfecta era capaz de alcanzar matices profundos en un timbre cristalino.

Muchas de las composiciones y canciones el Benny las dedicó él al suelo patrio. Pinar del Río, Manzanillo, Cienfuegos, Santiago, Guantánamo, Santa Isabel de Las Lajas, fueron rincones de su Cuba a los cuales cantó, porque amaba su patria que nunca quiso abandonar después del Triunfo de la Revolución, no obstante haber recibido jugosas ofertas para que se marchara del país.

De no haber abandonado prematuramente la vida de dueño absoluto de las más completas facultades artísticas y en la cumbre de la popularidad, seguiría el Benny siendo hoy el más querido de los artistas cubanos, porque él como ninguno, supo representar la idiosincrasia y la identidad de su pueblo.

47 años parece ser ya mucho tiempo, pero hoy podemos decir que al marcharse físicamente aquel 19 de febrero de 1963, Benny Moré nos dejó su voz y las canciones que es como decir nos dejó toda su alma. Por eso todavía vive y vivirá eternamente entre nosotros.

La verdad de la explosión del acorazado Maine

Por Margarita Piedra Cesar

La actual Batalla de Ideas en la que se consagra nuestro pueblo nos convoca al conocimiento de la historia patria y más, sobre aquellos hechos que se relacionan con las pretensiones norteamericanas de adueñarse de la isla, un viejo anhelo jamás logrado.

En ese sentido que debemos recordar que un día como el 15 de febrero, pero del año 1898, Estados Unidos hizo estallar en la bahía de La Habana, el acorazado Maine, como pretexto para poder declararle la guerra a España y entrar en la confrontación que ésta sostenía con los patriotas cubanos cuando consideró que la fruta ya estaba madura, para lograr sus propósitos de intervención.

Ya para entonces, los gobernantes norteamericanos habían tratado de apoderarse de la pequeña isla caribeña por diferentes vías, incluida la proposición a España de su compra pero ante la negativa de esta, decidió esperar a que el colonialismo no pudiera sostener el conflicto con los cubanos, ni económica, ni militarmente, para entonces intervenir. A eso ellos le denominaron: Política de la Fruta Madura.

El acorazado Maine había arribado a la bahía habanera en visita de buena voluntad el 25 de enero de 1898, pero no lejos, a seis horas de navegación, las autoridades navales habían situado otros cuatro buques e igual cantidad, despachados hacia el teatro de la guerra, es decir, a la región sur oriental de la isla.

Así es como el 15 de febrero de 1898, hace hoy 112 años se produjo la explosión del Maine, hecho tras el cual Estados Unidos declaró la guerra a España bajo el argumento de que el estallido de la nave había sido provocado por un sabotaje.

La explosión provocó la muerte de 276 tripulantes, en su mayoría negros, pues casualmente, la oficialidad blanca se encontraba en tierra para asistir a una recepción amistosa.

Tras la explosión del Maine, como es habitual, la gran prensa de Estados Unidos emprendió contra España pidiendo a gritos la intervención de Estados Unidos en el conflicto, lo que definitivamente se produjo entre los meses de junio y julio de 1898, dando lugar a la Guerra Hispano Americana, incluida la batalla naval de Santiago de Cuba, donde fue prácticamente despedazada la flota colonialista.

Si bien la intervención yanqui en Cuba abrió la era del imperialismo agresor e interventor de Estados Unidos, la voladura del Maine dio inicio a la era de las autoagresiones y pretextos para intervenir militarmente en cualquier punto del mundo, tal y como lo demuestra la historia en Santo Domingo, Panamá, Haití, Granada, Vietnam, Iraq, Yugoslavia y Afganistán, entre otros.